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Martes 9 de febrero de 2010 - www.diariodemadryn.com - El Único Diario de Madryn
EL DIARIO DE MADRYN S.A.
Contra TAPA

DESDE LA TRINCHERA DE OCTAVIO PAZ
El mejor de los verbos

Hay luchas con tiros, golpes, desangres. Destrucciones de unos y de otros como modo de imponer ideas, formas, estilos y dominar. Pero también hay formas de resistencia con
municiones de decir, a veces tan efectivos, cuyos versos pueden aniquilar no solo al otro, sino toda diferencia.
Así se puede decir que ha sido la reflexión que ejerció Octavio Paz durante su vida intelectual y que afirma su profunda vocación poética. Ese diálogo que estableció entre poesía y pensamiento le permitió fundar un estilo característico que rompió con los cánones establecidos por la generación de los Contemporáneos.
Como lo presenta y recrea recientemente Gonzalo Reyes Muñoz “Poeta pensante, ente de creación que se preguntan de viva voz por el ser de las cosas. Un hombre que siempre se cuestionaba todo; eterno marinero de océanos tempestuosos. Paz encarna ese genio intelectual que desde la América Latina lanzó una voz universal.
Laberinto y palabra son dos de los temas más característicos de la obra paciana: silencio y soledad. Un poeta del pueblo y para el pueblo, Paz encarna esa simpatía que sólo vive en los grandes espíritus.
Explorador de cambiantes geografías, hombre combustible, de entusiasmo encendido. Figura esencial dentro de la poesía mexicana del siglo XX. Heredero de la generación que escribió la poesía más rigurosa. Una de las principales voces de la lengua castellana, hombre además que supo asomarse a la cultura oriental trayéndonos noticias de la India.
Asomarse a la obra de Paz es como decía él mismo, adquirir consciencia de nuestra singularidad. Desde que publicó El laberinto de la Soledad su palabra alcanzó una gran difusión. Prosista, traductor, funcionario, etc., pero sobre todo poeta. Hombre polémico, sumamente profundo, una muestra de lo que la cultura significa para nuestros pueblos. A diez años de su muerte su palabra está más viva que nunca.
Por otro lado, a mi parecer, Paz significa una figura imprescindible no sólo en las letras mexicanas modernas sino en la historia de la literatura universal.
Imprescindible, sí, en efecto, no únicamente por haber alcanzado el Nobel de literatura sino porque su trabajo literario e intelectual es uno de los más ricos y expresivos- original también, sin duda- de lo que se produjo a nivel mundial en el siglo pasado.
Entronizarlo sería erróneo puesto que muchos lo han hecho, lo hacen y lo seguirán haciendo, quizá el presente texto no sea otra cosa que precisamente eso, una coronación por más que uno quiere escapar de las adulaciones. Sería mejor buscar otro ángulo.
Es imposible ceñir su figura, es irreducible. Por ello ese vulgar reduccionismo al que estamos acostumbrados choca literalmente cuando queremos acercarnos a la su obra tratando de encasillarlo en determinada categoría.
Su producción es colosal y universal, como he señalado. El que diga o piense lo contrario estaría comportándose como un crítico ante una obra que por inmensa e inalcanzable resulta fácil despreciarla como salvación de su propio orgullo e ignorancia.
Paz era un hombre profundamente sensible. Pocos en nuestra historia han tenido ese tesón de espíritu. Esa capacidad de ponerse a la altura de los temas y tiempos-influencia de Ortega y Gasset, sin duda y reconocida por el propio Paz- que le permitió hondar y descuellar entre el océano turbulento que fue el siglo XX.
Una capacidad descomunal, un hombre no común entre los grandes hombres no comunes, Octavio Paz fue para su generación un símbolo de respeto, admiración, genialidad, originalidad, etc. A mi parecer Paz también debería significar no sólo un gran hombre sino más bien: un superhombre.
Sí, en efecto, un superhombre en el sentido nietzscheano. El hombre es algo que tiene que ser superado, el hombre común es un puente entre la bestia y el superhombre. El mismo Paz dijo alguna vez: Nietzsche me enseñó a ver lo que estaba detrás de palabras como virtud, bondad, mal. Fue una guía en la exploración del lenguaje mexicano: si las palabras son máscaras, ¿qué hay detrás de ellas?.
Imposible reducir la expresión y el pensamiento paciano a la mexicanidad, su capacidad le permite situarlo entre los hombres clave para acercarnos a una comprensión más certera de nuestro tiempo. Para Octavio no sólo fue su fuerte sentir sino también pensar.
Por otro lado, a estas alturas del tiempo, resulta curioso el que no tengamos noticias de otra figura semejante salvo los compañeros del propio Paz que aún viven. Los grandes no se dan en maceta, pensará usted amigo lector, en efecto, pero el caso aquí es casi preocupante y lo extraño de lo preocupante es que es un estado estático, lo mejor sería ocuparnos ¿no cree?.
Si no entramos otro faro que nos ilumine entre la tempestad que se avizora, tendremos, sin duda, que asomarnos a nuevas costas, y en su caso, inventarnos nuevos héroes, porque un pueblo sin guías espirituales está condenado inevitablemente a transitar otros cien años por el tétrico laberinto de la soledad 8…)”. Verbos que alumbran.
 
 
* Gonzalo Reyes Muñoz, Lic. En Comunicación y Periodismo, UNAM FES Aragón

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