|
|
Contra TAPA
POR LAS PAREDES
El chancho Fénix, la culpa y nosotros
por Bruno Di Benedetto bdbmad@yahoo.com.ar
“lo están gritando / siempre que pueden / lo andan pintando / por las paredes” Joan Manuel Serrat
Este graffiti diestramente dibujado sobre las ruinas del viejo hospital de Puerto Madryn es tan explícito que casi no tolera comentario alguno. Sin embargo, no se puede evitar la tentación de hacer algunas reflexiones al respecto. Por ejemplo: este señor al que se le caen de los bolsillos los billetes que tan graciosamente supo conseguir, es actualmente Senador de la Nación. Una de dos: a) Este graffiti es un grave insulto a una de las más altas investiduras republicanas. b) Este señor es un grave insulto a una de las más altas investiduras republicanas. Elige tu propia aventura. No seré yo quien te diga cuál de las dos alternativas te debe parecer más plausible. Si elegís “b)”, te invito a seguir leyendo el resto de la nota. Ahora, si elegís “a)”; es decir, si sos de los que extrañan el 1 a 1, o la pizza con champán, o sos de los que lo votaron dos, tres o cuatro veces seguidas, también podés seguir leyendo, pero con la advertencia de que los siguientes párrafos pueden producirte acidez estomacal o algún tipo de urticaria grave. Hay un libro de Enrique Valiente Noailles que resulta muy útil para entender un poco más qué fue lo que nos pasó durante esa década comúnmente llamada “menemato”. En el capítulo denominado “La obesidad política”, el Valiente Noailles dice: “Recientemente apareció por televisión una señora de 135 kilos, que se dedica al streaptease en la noche porteña. (...) “No puedo imaginar nada más parecido a la argentina política de los 90, que se ha convertido, desde hace tiempo, en una masa obesa sin función expurgatoria. Somos un cuerpo que come sin parar y no elimina, un cuerpo que no genera detritus, sino que los recicla internamente una y otra vez. Nunca un funcionario es expulsado, rara vez alguno es condenado, rara vez dejan de ser reciclados en alguna función, aunque hayan tenido responsabilidad directa en los temas más resonantes de corrupción”. Es como si los argentinos nos hubiéramos dedicado a la cría de un chancho. De un solo chancho. Un chancho que come, come y come y no caga nunca. Será por eso que este chancho cada tanto explota. Y ya se sabe lo que pasa cuando un chancho explota: no hay tintorería que alcance para limpiar tanto excremento, tanta grasa, tanta sangre. Pero este chancho no es un chancho cualquiera: es un Chancho-Fénix. Este porcino volador es un ser fabuloso que siempre renace de sus propias cenizas. Este chancho explotó en 1930, en 1955, en 1966, en 1976, en 1989, en 2001. Pero vuelve, che, siempre vuelve. Y la cosa es así, nos guste o no: cada vez que no sabemos qué más hacer con este chancho, cuando el chancho nos comienza a hacer la vida imposible, lo hacemos explotar. Llamalo golpear a las puertas de los cuarteles, llamalo hiperinflación, llamalo cacerolazo. La cosa es que el chancho explota. Y decimos: santo remedio. Pero ahí nomás vuelve el chancho, y ahí nomás nosotros lo empezamos a engordar. Primero con votos o aplausos. Después con indiferencia. Mientras nos dedicamos a nuestros pequeños asuntos, a comprar licuadoras en cuotas, a viajar a Miami para poder decir “deme dos”, o simplemente, a tratar de sobrevivir, el chancho va y se come todo. Todo lo que tenemos. Y también todo lo que todavía no tenemos; es decir: nuestro futuro. Ahora se impone una pregunta que cualquier lector avispado se ve venir desde hace rato: ¿la culpa es del chancho o del que le da de comer? En estos últimos tiempos hemos asistido a uno de los más asombrosos espectáculos de transformismo que ojos algunos han visto: una increíble cantidad de políticos, empresarios y sindicalistas que en los 90 cantaban loas al neoliberalismo y cerraban filas en torno al señor que ilustra tan simpáticamente la nota de hoy, actualmente se declaran kirchneristas de la primera hora o setentistas de boina calada y mirada decididamente dirigida al horizonte. Va fangulo. En cualquier momento, Menem se declara antimenemista y Cavallo se deja barba a la Carlitos Marx. Y, lo pior, mire, vea: no va a faltar un montón de buenudos dispuestos a votarlos. Y otro montón de buenudos dispuestos a mirar para otro lado. Y no me refiero a aquellos, para nada buenudos, que saben que cuando el chancho explote les va a tocar, como siempre, jamón del medio. Hablo de los que nunca olieron una chuleta ni desde lejos, y también hablo de aquellos, nosotros, que siempre estamos tan pero tan ocupados con el cultivo de nabos en nuestras quintitas particulares, que nos olvidamos de vigilar al chancho. El chancho que en cualquier momento viene, nos come todo y no nos deja un nabo ni para semilla. Bueno. A no preocuparse. En este país, nabos son los que sobran.
En la edición de mañana sábado 29: HISTORIAS CURIOSAS PARA CONTAR EN DÍAS DE LLUVIA Por Javier Arias
|
Tapa del día

|
|
| Pagina III
YAUHAR Y DI PIERRO NO SABIAN QUE LOS K IDENTIFICAN A DAS NEVES COMO EL PRINCIPAL ADVERSARIO EN LA INTERNA
Dos que se enteraron tarde
|
Debe seleccionar la fecha
Búsqueda Temática |